HISTORIA DEL SANTO PATRÓN,
SAN ANTONIO ABAD
DE AÑASCO

La historia de los Santos varones de la iglesia está llena de hombres ilustres y entre ellos San Antonio Abad ocupa sitio preferente . San Antonio Abad ocupa sitio preferente entre San Ignacio de Loyola y San Francisco de Asís, tanto por su consagración al Apostolado religioso, como por su vida de sacrificio y amarguras. Nacido en Como, en los confines de la Tebaida, en Egipto, allá entre los años 250 y 270 aproximadamente, de la Era Cristiana, su iniciación en los sagrados menesteres de la religión de Jesucristo, tiene su origen en hechos sencillos, pero extraordinarios. Estando en una Iglesia oyó el pasaje del evangelio de San Lucas XVIII, 22, por el que Jesús dijo: ”Si quieres ser perfecto, anda, vende cuanto tienes y da el importe a los pobres.  “Como San Antonio de Abad era inmensamente rico, se apresuró a cumplir el mandato divino, desprendiéndose inmediatamente de sus riquezas materiales, dejando para sí, y su única hermana aquella parte indispensable para vivir pobremente. Más tarde escucho estas palabras de San Mateo VI-34,    “No paséis cuidado el día de mañana." Entonces entregó a los pobres todo lo que le quedaba y se retiró al borde de una tumba y después a un arruinado castillo a orillas del río Nilo, donde oró por la gloria de todos los seres humanos, en actitud de penitencia y constricción.

Cuenta la historia, que Dios mismo, posiblemente sorprendido de la austera penitencia del santo varón, le afligió“ por medio de representaciones pavorosas del espíritu del mal, siendo probada su virtud con tentaciones frecuentes y enojosas”. Todo lo cual resistió estoicamente. En el año 311 abandonó su retiro y fuese animar a los cristianos de Alejandría, contra las crueles persecuciones del Rey Maximino y a pesar de que el Prefecto le ordenó saliera enseguida de la ciudad, reapareció nuevamente, sin temor a la muerte para combatir a los arrianos.  Su biógrafo, San Atanasio, dice que San Antonio Abad  falleció en el año 356, asistido de sus dos discípulos predilectos Macaria y Amathos, y su última disposición fue ser  enterrado en lugar secreto. Dejó como legado intelectual siete cartas dirigidas a Los Monasterios de Oriente, conservándose en traducción latina en la célebre “Biblioteca Patrum” “Se le atribuyeron varios milagros, sobre todo la curación del fuego sagrado o fuego de San Antonio,” o la Erisipela. Por esta razón se le representa con un fuego a su lado. Otros de los atributos de la imágenes de San Antonio es el cerdo, en conmemoración de las tentaciones . 
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