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Folclor Añasqueño |
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Por Lucas Montes Valentín, M. Ed. |
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pueblo de nuestra isla tiene unas costumbres y un folclor característico que
va más allá de la cultura general que tenemos como puertorriqueños.
Esto se ve más claro cuando hay ciertos platos y bebidas típicos de ellos.
Un ejemplo de esto sería el Brazo Gitano de Franco y la sangría de Fido en
Mayagüez, el pudín Oasis y el pan de tocino de Aguada, el caldo de oso y las
chuletas can can de San Sebastián, y en Añasco serían las morcillas y el
bizcocho de hojaldre. Al igual que para la comida, Añasco tiene en su
folclor muchas historias típicas de pintoresco tono localista.
Empezando por el descubrimiento se dice que la bahía de Añasco puede ser uno
de los lugares que escogió el gran almirante para desembarcar aunque esto
conlleva mucha polémica todavía. Ciertamente el primer asentamiento
español fue en el barrio Playa, llamado el Higüey donde hasta hace unos años
atrás todavía se podían encontrar ladrillos y piezas arqueológicas de tal
época. También durante la colonización existe la leyenda de que Diego
Salcedo fue el primer español que murió en la rebelión indígena, ahogado en
el Río Grande de Añasco, conocido por nuestros taínos como Guaorabo.
Fue el cacique Urayoán, del yucayeque centrado en la región del Yagüeka, que
incluye Añasco, quién ordenó tal acción. Se dice que esto sucedió en
un lugar del barrio Ovejas, llamado Paso Real en el cual se planeaba
construir un monumento evocando tal suceso histórico y está representado en
la plaza pública con una fuente alegórica. Durante la
colonización se dice que fue en Añasco donde se construyera el primer
trapiche de azúcar movido por bueyes, tainos y más tarde esclavos en el
barrio Carreras, donde más tarde se iniciaran las primeras carreras de
caballo por ende su nombre. La plaza de Añasco es talvez la única en Puerto Rico donde hay dos bustos representando a madre e hijo, Mariana Bracetti, líder revolucionaria del grito de Lares y posiblemente quien cosiera la primera bandera de Puerto Rico, y la de su hijo, José Adolfo Pesante Bracetti, quien fuera alcalde de Añasco para principios del siglo XX, y quien tiene la fatal distinción histórica de ser el único alcalde asesinado en funciones. Dicho crimen cometido por el conocido Yare Yare, un tahonero, frente a una farmacia allá para el año 1905, donde el imputado acuchilló al occiso delante de varios testigos. Han habido varias teorías entre la que prevalece la de que fue un crimen por razones políticas, aunque también se rumoró de que fuera un lío de faldas en la que se abusó de una hermana de Yare Yare. Éste último se dio a la fuga y cuenta la leyenda que escondido en un árbol que cubría el camino hacia el camposanto al ver pasar la comitiva fúnebre del fenecido alcalde, escupió el ataúd, y aunque lo vieron, nadie se atrevió a alertar las autoridades. Yare Yare eventualmente fue apresado y enjuiciado en un proceso que fue muy comentado por la prensa de entonces y sentenciado a morir en la horca, siendo el único añasqueño que tuviera tan funesto final. La leyenda sobre los motivos del crimen de Yare Yare nunca quedará aclarada pero perdura hasta nuestros días, siendo así que un grupo de teatro local a mediados de los años 80 tomó dicho nombre a manera de mención histórica. Para los años 30 un joven llamado Pancho se sumergió en las aguas del río Grande de Añasco y en el fondo halló un puñal ceremonial indígena con la figura de un hombre en cuclillas en el mango. Para ver dicho artefacto cobraba 5 centavos, y tanto fue así de llamarlo el muñeco de Pancho o Pancho el del muñeco que finalmente quedó él llamado Pancho Muñeco. Dicha daga ceremonial fue vendida por Pancho por una cantidad desconocida pero se rumora que actualmente está en un museo en Estados Unidos y su valor es de varios miles de dólares. Más recientemente es conocido Añasco por el pueblo donde se vendían las morcillas en la farmacia. Éste es un hecho verídico iniciado a mediados de los años cincuenta en el cual un comerciante cuyo estanquillo de vender morcillas quedaba en la parte trasera de una farmacia, se tenía que ausentar a menudo para realizar otros menesteres, pidiéndole al dueño de la farmacia que de favor le atendiera el estanquillo para vender su tan famoso embutido. El dueño de la farmacia exhibió las morcillas al frente de su tienda y cuando personas de otros pueblos visitaban y veían éste curioso espectáculo pensaban que como regla general en todas las farmacias de Añasco se vendían morcillas en las farmacias, naciendo de ahí la leyenda. Éstas son algunas historias y leyendas que son parte del típico folclor añasqueño, quedándose fuera muchas mas que por falta de espacio no podemos incluir ahora. Al igual que cada uno de nuestros pueblos, la historia, las leyendas, las costumbres y las tradiciones, entre otras cosas, son parte del folclor de un pueblo. Y es la responsabilidad de aquellos que las conocen el hacérselas llegar a las nuevas generaciones, pues solo así éstas seguirán siendo parte de nuestra historia, y como tal no pueden ser dejadas en el olvido. |