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‘Jíbaro’ |
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Por Lucas Montes Valentín |
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Al
hablar de nuestras costumbres y nuestras tradiciones ya sea durante todo
el año o especialmente cuando lo relacionamos a la época navideña,
pensamos en nuestra música típica o en nuestro jíbaro de antaño. Según
el Diccionario Enciclopédico Ilustrado Larousse, jíbaro es en
Puerto Rico “todo lo relativo al campesino blanco” y como
segunda acepción “dícese de la gente rústica y lo relativo a ella.”
Entonces según éstas definiciones enciclopédicas podríamos decir que el
jíbaro es un campesino blanco rústico o más bien primitivo. A
consecuencia de esto, imaginamos a alguien delgado, desnutrido, anémico,
iletrado e ignorante, usando una pava y machete al cinto, con ropas
generalmente de color blanco y desgastadas, que casi siempre andaría
descalzo y solo servía para realizar labores agrícolas simples, ahogaba
sus penas en licor clandestino y cantaba décimas en momentos de alegría
junto con su típico lelolay. Sus instrumentos de trabajo serían
por supuesto el machete, la azada y el pico. Esta descripción, que
parece ser más peyorativa que agraciada, en realidad no se presta a
darle crédito a lo que es el jíbaro. El andar descalzo, estar enfermo,
desnutrido, y ser analfabeta, entre otras cosas no es parte de la
cultura jíbara intrínsecamente sino que por necesidad y/o abandono de
los tiempos en que su cultura floreció, fueron impuestas al jíbaro.
También la vestimenta cambiaría de acuerdo a las necesidades de la época
y al uso diario. Ciertamente, si nuestro jíbaro no hubiese padecido de
éstos males, aún así conservaría su identidad. Manuel Alonso en su opus
magistral, El gíbaro, describió al jíbaro y su cultura de
mediados del siglo XIX que, salvo algunos cambios económicos, continuó
siendo la misma cultura hasta mediados del siglo XX cuando la
industrialización cambió bastante la forma de ganarse la vida, de la
agricultura a la sociedad moderna, aunque no la desapareció como tal.
Asimismo Andino Acevedo en su libro ¡Que tiempos aquellos!
describió la vida del jíbaro de un barrio de Aguada de las primeras
décadas del siglo pasado de forma excepcional. Aún algunos se
preguntaran si fue el poderse educar y alimentarse mejor, lo que acabó
con nuestros jíbaros en la ruralía. Ésto tendría aún muchas
disyuntivas, pues sabemos que aun educados existen jíbaros que se
sienten orgullosos de su tradición y su herencia cultural.
La mayoría de nuestros campesinos abandonaron el campo para buscar nuevas fuentes de ingreso en las ciudades y en los Estados Unidos. La cultura del jibaro se mudó a otros lugares pero ya no estaba necesariamente asociada a las labores agrícolas o al campo. Por ejemplo, las culturas nativo-americanas, que muchos llaman “indios” aún conservan su cultura en el presente, aunque ello no significa que se dediquen a cazar búfalos, usar arco y flecha ni a vivir en tipis. Igualmente si en Puerto Rico se hubiera preservado la cultura taína por sus exponentes originales, o sea nuestros Taínos, seguramente aún adorarían a sus dioses, aunque muchos se hubieran cristianizado o hubiesen sincretizado su religión con la cristiana como ha sucedido en otros países. Seguirían cocinando sus platos típicos basados en yuca y pescado aunque también podrían disfrutar de la comida influenciada por España y por los negros esclavos. Continuarían haciendo sus areytos para celebrar sus propias efemérides como lo hacen muchos otros pueblos indo-americanos. Aunque muy seguramente no vivirían en bohíos ni tampoco en yucayeques como en los que vivían durante el inicio de nuestra colonización. Tampoco andarían desnudos ni con macana y lanza y no se dedicarían enteramente a la agricultura y la pesca. Habrían adoptado la cultura general del puertorriqueño y su idioma pero conservarían muy internamente su propio idioma y cultura Taína. Podemos entender por esto que la cultura del jíbaro aún existe, aunque el jíbaro no se dedique por entero a labores agrícolas, se haya educado, esté bien alimentado, bien vestido y guste de otros géneros musicales más allá de la música típica y no tenga un hablar acentuado que lo identifique como tal. Las décimas, el lelolay, los seises, los aguinaldos, ciertas artesanías, la cocina, su vocabulario y mayormente su idiosincrasia ha sobrevivido hasta nuestros días en personas que se identifican con todo lo anterior. Andrés Jímenez es uno de los exponentes de su idiosincrasia y su música, al igual que fueron otros como “Chuíto”, Ramito, Tavín Pumarejo e irónicamente el argentino Tony Croatto. Hay muchos que usan el término “j’ibaro” de forma peyorativa, como alguien no acostumbrado a las costumbres sociales o a la modernidad. Si alguien nos llama “jíbaro”, podemos sentirnos orgullosos, ya que llevamos la cultura ancestral del puertorriqueño como parte de nuestros ideales que heredaremos a las siguientes generaciones. 826-3411 |
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