" Mi Añasco.com " ha visitado ya en varias ocasiones las facilidades del Paseo  la Encantada en el barrio El Salto.  Ante la posibilidad de que tal vez la ciudadania no conozca las facilidades con las que cuenta el paseo, queremos ofrecerles unas vistas sobre las mismas.  Estas facilidades se encuentran disponibles para el uso y disfrute de Añasqueños y visitantes en general.
Recientemente construido el Paseo  la Encantada ofrece a sus visitantes, además de una vista espestacular, facilidades recreativas y gazebos.  El lugar perfecto para actividades familiares y deportivas, rodeados de una exuberante naturaleza. El area es tan amplia que acomoda muchos grupos a la vez.  Dado a la separación de los gazebos, el lugar ofrece bastante privacidad.

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Areas para apreciar comodamente el rio.
Tablado que bordea parte del rio.
 
 
Tablado con vista al rio.
Puente para accesar el area de los gazebos y cancha.
 
 
 
Areas para grupos pequeños.
 
Puentes que conectan las areas
 
Gran  cantidad de gazebos para pasadias familiares.
Perfecto para cumpleaños, aniversarios y grupos grandes.
Gazebo grande
 
 
Ofrese facilidades de cancha de balonsesto y volivol
 
 

EL VALLE DE LA ENCANTADA


poesia por
Jose R. Crespo Gomez


Entre las altas montañas
con que mi Añasco confina
al Norte. Entre verdes lomas
y pintorescas colinas,
se encuentra un hermoso valle.

El blando césped matizan
con sus variados colores;
con sus delicadas tintas,
las candorosas violetas
y amapolas encendidas;
las lianas rojas, los lirios
blancos, de corolas nitidas
el tulipán nacarado
y otras flores peregrinas,
de la gentil Primavera
encantadoras primicias!

Todo alli es hermoso! Todo!
Sobre las frondas tupidas,
canoras aves entonan
esas canciones melifluas

 con que saludan alegres
la Aurora del nuevo dia.

Por la pendiente suave
de una pequeña colina
baja un arroyo, dejando
perlas en blancas guijas
de sus márgenes: desciende
al valle, y alli camina.

II
Hacia un extremo del valle
entre dos colinas blancas,
hay una piedra plomiza
que con el terreno empalma,
por a mano de algún Genio
tal vez alli colocada.

El arroyo cristalino
majestuosamente avanza
festoneando el verde césped
como un encaje de nácar;

Llega a aquel lugar, se agita,
aumenta, crece, se ensancha,
ocupa casi el espacio
comprendido entre las blancas
colinas, y cuando apenas
por sobre la piedra pasa
y a trasponerla aán no llega,
de pronto el suelo le falta;
se quiebra su cauce y rota
la corriente se desata
en transparentes vedijas
formando rizos de plata.

La luz del sol acaricia
con sus urn inosas r’afagas
los cristales del torrente;
y en sus suaves tintas retrata
al iris. Diadema hermosa
con que el cielo se engalana!
entre las flores carnpestres
que engalanan las orillas:

Apenas el movimiento
de las aguàs se divisá;
tan solo a veces el aura
de las montanas vecinas,
con aliento perfumado
las diáfanas ondas riza:

Y pintadas mariposas
del aire flores bellisimas!
Por aquel ameno valle
caprichosamente giran:
y cuando en algún arbusto
se posan, y luego agitan
sus lindas alas, y vuelan
hacia la atmósfera nitida,
parecen vistosas flores
que por el viento mecidas
se desprenden de los tallos.

Cómo el alma se extasial
al contemprar aquel cuadro
que tiene. Mansion Divina!

Modestas flores abajo.
Aladas flores arriba.
 Aquel paisaje precioso
en que Natura solicita,
reunió en grandioso conjunto:
aromas, luz y armonial

Entre rumores y perlas
y espumas de filigrana
cae el arroyo; las ondas
ántes limpidas y claras,
forman un remanso azul
y profundo; de la ráuda
é impetuosa caida
ya repuesto, la jornada
interrumpida prosigue;
y después de vueltas varias
saltando de piedra en piedra,
se pierde en la enmarañada
selva; marchará a cumplir
la implacable Ley que marca
el destino que le aguarda.

 Ira a perderse del mar
entre las azules aguasl
Asi la vida del hombre
ya apacible, ya agitada,

Se desliza entre sonrisas,
entre dud as y esperanzas;
entre flores, entre espinas,
entre placeres y lágrimas,
hasta llegar al sepulcro
final de emociones tantas!

III


Era una noche. Selenia
hermosa vestal del cielo,
que guarda Ia lumbre pura
del Sol, en el áureo templo
de los astros; alumbraba
con sus fulgores más tiernos,
con su claridad más suave
aquel recinto poético.

Ni un suspiro en a floresta!
En lasfrondas ni un arpegio!
Porque las ayes dorm Ian
en la enramada, el céfiro
dormitaba, de las flores
en los perfumados pétalos.

Qué noche tan bella! Nada
interrumpia el silencio
de aquel valle encantador:
Solo el continuado acento
de a cascada se oia.

Es que en el limpido seno
de las aguas, las ondinas
tienen también sus recreos,
y el rumor de las sonrisas
van las aguas repitiendo.

La luna llegado habia
a mitad del firmamento;
cuando del fondo del valle
con paso inseguro, lento,
y del cristalino arroyo
la orilla izquierda siguiendo,
avanza una sombra. Llega:
Poco a poco va adquiriendo
contornos, hasta que elfin
se mira que es un mancebo
de gallardo continente,
aunque de abatido aspecto.

Lleva en su semblante impresas
las huellas del sufrimiento.
Hondos suspiros exhala
de lo profundo del pecho,
y el Ilanto brilla en sus ojos
cual gota de ardiente fuego.

El borde de la cascada
pisa, se detiene y trémulo
entre las manos estruja
una flor, y un bucle, negro
como las sombras que anublan
su extraviado pensamiento:

Posa las cárdenos labios
sobre el oscuro cabeilo
y la mustia rosa: - “Adio?’
dice con Iloroso acento:
Recibid prendas queridas
el Osculo postrimero.

 Id a buscar en las ondas
tumba! Sagrados recuerdos!
Yo también tendré sepulcro
bajo sus cristaies bellos!

Y en este sitio encantado
donde en más dichoso tiempo
mi Lucinda seductora
me juró cariño eterno;
aqui donde está Ia vida,
encontrar Ia muerte quiero.

Si la Parca despiadada
segó en flor mi amor primero,
tronchando la hermosa vida
del angel de mis ensuefios;
Si la muerte me dió penas
ideme Ia muerte consuelol

Al torrente precipita
la rosa, y el rizo negro:
con ávidos ojos mira
como va despareciendo,
hoja por hoja la flor;
hebra por hebra el cabello!

Cuando ya no queda rastro
de nada, con triste acento

 dice: Cümplase mi suerte!
Terminen mis sufrimjentos!

Y a lanzarse va al abismo
con ánimo audaz, resuelto;
mas de repente el remanso
se ilumina, y de su seno
azul, blanquecina niebta
en espiral va subiendo:

Como si en esos instantes
aIgún influjo magnético
conmoviera aquel paraje;
Cual si en aguellos momentos
amaneciera. Se oia
en cada rama un gorjeo!
En cada flor un suspiro!
En cada montana un eco!

La niebla se desvanece;
y sobre el bruñido espejo
del remanso; en una nube
tan rosada, como el veto
de la cándida mañana;
Al aire suelto el cabello.
Oscuro como las sombras!
Perfumado como el céfiro!

Con una tez tan hermosa
como el matinal lucero:
Ceñida la blanca frente
de tiernas flores, y el seno
alabastrino desnudo;
envuelta en un ténue velo
que cubrir apenas logra
los contornos de su cuerpo:
surge una ondina gentil!

Es que esa noche surgieron
para engalanar el valle
dos ninfas de rostro bello.

Una del fondo del agua!
Otra del fondo del cielo!
- “Joven: dice la deidad:
He escuchado tus lamentos
y vengo a ver si consigo
mitigar tu amargo duelo.

 Mira: bajo de esas linfas
existe un palacio espléndido
que las hadas han formado
para mi gloria y recreo.

Ven conmigo. Para mi
serán leyes tus anhelos;
y en éxtasis amorosos
las horas pasar veremos,
entre sonrisas y flores!
entre perfumes y arpegios!

- El joven contempla absorto
tan seductor embeleso,
mas dominándose exclama
con voz sentida: no puedo

Ay! mi pobre corazön
ya para el placer ha muerto!

Pulsa la encantada Diosa
con sus nacarados dedos,
de una citara dorada
las blancas cuerdas: Acentos
tan gratos y melodiosos
como los coros angélicos,
llenan de dulce armonia
la blanca region del viento.

La nube se va elevando
con pausados movimientos
hasta llegar junto al borde
de la cascada, el mancebo
fascinado, enloquecido
por eI poder de algun Genio
cae de rodillas delante
de aquel divino portento.

Un blanco celaje oculta
de la luna, el disco bello:
Se oscurece el valle; suena
un apasionado beso.

Otra vez su luz derrama
la Nereida de los cielos,
y nada se ye ni escucha,
todo era calma, silencio.
Ni un suspiro en la floresta!
 

En los prados ni un arpegio!
Porque las ayes dormian
en Ia enramada, y el céfiro
dorm itaba, de las flores
en los perfumados pétalos!

lv

Desde entonces; cuando Diana
en el alto firmamento
brilla, dice que se oyen
repetidos por el eco
de las montañas rumores
de sonrisas y de besos:

Y algunas veces han visto
surgir del liquido seno
sobre una nube rosada,
la ondina de rostro angélico.

Desde entonces han llamado
aquel recinto poético
El Valle de la Encantada
Nombre que va repitiendo
de una en otra edad, el grave
rey de los siglos: El Tiempo.




 

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